PRESENTE Y FUTURO EN EL EJERCITO RUSO

 

Por Rafael Calduch Cervera

Profesor Titular de Relaciones Internacionales Universidad Complutense de Madrid

 

1.- La desintegración soviética y las reformas militares.

2.- La independiencia de Rusia y la formación de las nuevas FF. AA.

3.- Aspectos generales de la reforma de las FF. AA. rusas.

4.- El futuro de las FF. AA. rusas: oportunidades y obstáculos.

 

1.- La desintegración soviética y las reformas militares.

Una de las principales causas reconocidas por los dirigentes soviéticos para impulsar el proceso de reformas conocido como perestroika fue la quiebra del sistema económico, en buena parte inducida por los costes de la carrera armamentista. El hecho de que fuese Andropov, máximo responsable del KGB durante dos décadas, el primer líder soviético que reconoció la gravedad de la situación e impulsó las primeras reformas del régimen, avala claramente esta tesis.

Con la llegada de Gorbachov, encumbrado en los más altos cargos del PCUS a la sombra de Andropov, y la instauración de la perestroika uno de los aspectos esenciales del programa de reformas afectaba a las FF. AA. La retirada de Afganistán constituyó un primer paso en el camino del necesario entendimiento con las potencias occidentales, en particular con Estados Unidos. La cumbre de Reykiavik facilitó este entendimiento y abrió el camino hacia el Tratado INF (1987), punto de partida para las negociaciones START I y para la conclusión del Acuerdo sobre reducción de Armas convencionales en Europa (1990), firmado al mismo tiempo que la Carta de París por la que se institucionalizaba la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea (CSCE).

Necesariamente esta trayectoria de cooperación Este-Oeste modificó la doctrina oficial soviética de la defensa y provocó profundos cambios en su estructura orgánica y en su operatividad. En primer término, se admitió la disolución del Pacto de Varsovia y la retirada de las guarniciones soviéticas establecidas fuera de sus fronteras, especialmente los 380.000 hombres asentados en el territorio de la República Democrática Alemana que pasaba a integrarse en la República Federal de Alemania. En total, esta operación obligó a una reubicación dentro de las fronteras soviéticas de más de 500.000 hombres, a los que había que sumar sus familias. La falta de instalaciones para acomodar a este importante contingente, se convirtió en uno de los problemas más acuciantes.

Desde la perspectiva estrictamente militar, los 3.993.000 efectivos existentes en Enero de 1990, resultaban manifiestamente excesivos para las funciones de estricta defensa territorial, máxime en un contexto internacional en el que la amenaza occidental aparecía como un factor secundario frente a los crecientes riesgos derivados de los movimientos nacionalistas surgidos dentro de la URSS. A ello habría que agregar la necesaria reducción presupuestaria de los gastos de defensa que en 1990 todavía ascendieron a 71.000 millones de rublos. Finalmente, el complejo militar-industrial debía reducirse y cambiar una parte significativa de su actividad a la producción de bienes de equipamiento y de consumo civil. En semejantes condiciones, se iniciaron los debates sobre el modelo de FF. AA. que debían implantarse en la URSS a medio plazo, al tiempo que se adoptaron importantes medidas de política militar. Junto a los planes para una reducción de efectivos de 1.500.000 hombres, se abrió el debate sobre la creación de un ejército profesional, las relaciones entre los órganos políticos y los mandos militares o el derecho de sindicación en las FF. AA.

Todos estos aspectos básicos de la reforma militar soviética, quedaron interrumpidos con el intento de golpe de Estado, en Agosto de 1991, y la posterior desmembración de la URSS.

2.- La independiencia de Rusia y la formación de las nuevas FF. AA.

El reconocimiento internacional de la Federación de Rusia como sucesora de la extinta Unión Soviética, no sólo fue la constatación de una realidad territorial, demográfica y políticamente indiscutible sino que facilitó el camino para la consolidación del Presidente Yeltsin. Este se desarrolló en dos fases bien definidas. La primera, que llega hasta la Constitución de Diciembre de 1993, tuvo por objetivo la progresiva desarticulación de todas aquellas instituciones y fuerzas políticas, heredadas del régimen soviético, que amenazasen la instauración del poder presidencial. La segunda fase, entre Enero de 1994 y la actualidad, se caracteriza por el esfuerzo presidencial por consolidar su poder sobre el Parlamento (Duma) y los órganos de la administración local, con objeto de impedir cualquier oposición a su programa de reformas económicas, sociales y militares. En el transcurso de la primera etapa, el papel clave en la política militar lo desempeñó el General Pavel Grachov, convertido en Ministro de Defensa en Mayo de 1992, quien desde el primer momento acreditó su lealtad política al Presidente Yeltsin, realizando las primeras reformas institucionales del nuevo Ejército ruso. Se constituyó un Consejo de Seguridad Nacional, presidido por Yeltsin, como máximo órgano de decisión en materia de defensa y seguridad interior. Se inició una primera e importante reducción del número de efectivos militares, alrededor de 500.000 hombres, que fue aprovechada para licenciar algunos altos oficiales de dudosa fidelidad. Se suprimieron todos los comisariados políticos que garantizaban el control comunista de las FF.AA. Finalmente se potenció la organización territorial de los mandos militares en detrimento de la estructura central que se redujo en un 27 % de sus cargos. En estos años, la espectacular caída de la economía rusa ocasionó una grave reducción de la producción de armamentos y, lo que se revelaría como más preocupante para la operatividad del Ejército, provocó un peligroso deterioro de las tareas de mantenimiento de los equipos militares así como de las capacidades de reclutamiento y adiestramiento de su personal.

Algunos datos muestran los drásticos recortes experimentados por el presupuesto de Defensa. En 1992 sus gastos, en términos reales, experimentaron una reducción del 45 % respecto de los de la URSS en 1991. Entre 1988 y 1992, los gastos en la compra de armamento cayeron en un 75 %, un 22 % respecto de 1990, mientras que la producción armamentista de 1993 sólo era un 50 % de la de 1988. La mayor parte de esta producción fue destinada a la exportación, en la que Rusia ocupaba el tercer puesto con un 11 % del mercado mundial. En cuanto al número de efectivos militares, durante 1993 sufrieron una reducción del 38 %, situándose en torno a 1.500.000 hombres.

Considerando la precariedad en la que se encontraban las FF.AA. rusas, resulta lógica la preocupación que suscitó entre las potencias occidentales, especialmente en Estados Unidos, la distribución de los arsenales nucleares estratégicos entre cuatro repúblicas independientes: Rusia; Ucrania; Bielorrusia y Kazajstán. La firma del Protocolo de Lisboa, en 1992, permitió la vinculación de dichos Estados al Acuerdo START I y la concentración de los ICBM y SLBM de Bielorrusia y Kazajstán en el territorio ruso.

Durante esta época, los dos sucesos militarmente más significativos fueron la intervención del XIV Cuerpo de Ejército en la región de Transnistria (Rep. de Moldavia), en 1992, y el ataque al Parlamento ruso, en Septiembre de 1993, para aplastar la rebelión de los parlamentarios dirigida por el Vicepresidente Rustkoi. Sin duda la guerra de Chechenia constituyó la crisis política más grave de la segunda etapa política. En ella se pudo apreciar el grave deterioro experimentado durante estos años en la estructura de mando y en la operatividad del Ejército ruso. Las reformas parciales realizadas hasta entonces fueron abandonadas y se abordó una amplia y profunda reestructuración de todas las FF. AA. y del complejo militar-industrial. Esta decisión se vio estimulada por la declarada intención de la OTAN de ampliar sus fronteras con la incorporación de nuevos (Polonia; Chequia y Hungría), decisión que desencadenó los temores rusos de que tras esta medida se encontraba la inconfesable voluntad norteamericana de debilitar, política y militarmente, el liderazgo internacional de Moscú.

Aunque Yeltsin y los militares rusos sabían que no podían impedir la ampliación de la OTAN y la pérdida de importantes mercados de armamento, dejaron bien patente su intención de oponerse a futuras ampliaciones y la voluntad de recuperar un poderío militar que haga creible, a medio plazo, esa intención.

3.- Aspectos generales de la reforma de las FF. AA. rusas.

La reforma fue emprendida en 1996 por el Ministro de Defensa , Gral. Igor Rodionov, y la mayoría de sus líneas maestras han sido seguidas, aunque conmedidas menos radicales, por su sucesor, el Mariscal Igor Serguéiev. Tales líneas maestras podemos resumirlas en la siguientes: una importante reducción cuantitativa de sus efectivos militares; la instauración de un ejército profesional con gran movilidad y elevado entrenamiento; una nueva estructura de mando y de fuerzas; la recuperación de la industria de defensa mediante la exportación de armamento y, por último, la creación de un núcleo de tropas terrestres aerotransportadas, que Rodionov estimaba en doce divisiones, susceptibles de ser empleadas tanto para la defensa territorial rusa como en operaciones internacionales.

El desarrollo de esta reforma está previsto en dos fases sucesivas. La primera entre 1997 y el año 2000, contempla una reducción de los efectivos hasta 1.200.000 hombres y de un 40 % de las unidades terrestres y navales establecidas en el Norte y el Oeste del país. Las reducciones más significativas se realizarán en Oblast de Kaliningrado (Könisberg), el distrito militar de San Petersburgo y las flotas del Norte y del Báltico. En cuanto a la reforma en la estructura de fuerzas, quedará simplificada tras la fusión de la Defensa Aérea en el Ejército del Aire, así como la unificación de las fuerzas de Defensa Balística y Espacial en el seno delas fuerzas de Misiles Estratégicos. De esta forma, las FF. AA. rusas quedarán articuladas en cuatro grandes grupos: Fuerzas de Misiles Estratégicos; Ejército del Aire, Fuerzas de Tierra y la Marina. Esta reorganización va acompañada del comienzo en el proceso de profesionalización de las FF.AA.

La segunda etapa, entre el año 2001 y el 2005, completará la profesionalización y se pasará a una estructura de tres armas: Tierra, Mar y Aire-Espacio. Los principales objetivos serán: dotar a las unidades de nuevo armamento y equipos basados en tecnologías avanzadas, aumentar su adiestramiento y potenciar los sistemas de información, mando y control, incluidos nuevos satélites de telecomunicaciones.

La ausencia de una doctrina militar bien definida y adaptada a las nuevas condiciones nacionales e internacionales, constituye un obstáculo a la hora de planificar la reforma de las FF. AA. que queda, de ese modo, sometida a los cambios que periódicamente introduce el Presidente Yeltsin en la cúpula militar, a las incidencias en las relaciones con las repúblicas vecinas (doctrina del near abroad) y a las presiones de las potencias occidentales para que se avance en el cumplimiento de los Acuerdos de desarme (START II; CFE; Armas químicas; etc.).

Aún a riesgo de simplificación, podemos señalar algunos de los principios que actualmente son admitidos por numerosos militares y expertos rusos como parte sustancial de su política de defensa.

a).- Las armas nucleares, aunque deben ser objeto de un proceso de control y desarme, siguen constituyendo una parte esencial de la capacidad disuasora rusa. La combinación de los dos factores, desarme y disuasión, se pretende alcanzar mediante la reducción de los arsenales nucleares estratégicos y el mantenimiento, a corto y medio plazo, del armamento nuclear táctico o de teatro.

b).- El fundamento de la defensa rusa sigue descansando en las fuerzas terrestres que, sin embargo, serán más reducidas y dispondrán de unidades combinadas y aerotransportables. La progresiva profesionalización de las FF.AA. constituye una medida esencial en el proceso de refoma. Desde esta perspectiva, se impone la reducción, modernización y control por el Ministerio de Defensa de las Academias militares. En la actualidad existen 125, de las que sólo 103 dependen del Ministerio de Defensa, que realizan la formación de 150.000 cadetes en más de 400 especialidades.

c).- La Marina mantendrá una estructura de cuatro flotas y una flotilla, en las que se combinarán las unidades polivalentes de superficie y submarinas. Entre las primeras se contempla la producción de las patrulleras polivalentes de la clase Novik, mientras que entre las segundas se prevé la construcción de los submarinos de propulsión nuclear de la clase Severodvinsk y de diesel de la clase San Petersburgo. Estos submarinos se dotarán de una nueva generación de misiles estratégicos del tipo Yuri Dolgoruky. Las previsiones de disponibilidad mínima de la nueva fuerza naval se establecen en 14 o 15 misiles estratégicos submarinos, 50 o 55 submarinos de propulsión nuclear, 40 submarinos diesel, de 40 a 50 navíos de guerra de superficie, de 130 a 140 buques de guerra de otros tipos, más de 60 dragaminas, 600 aviones de combate y 300 helicópteros polivalentes.

d).- El Ministerio del Aire y del Espacio desarrollará una fuerza de combate diferenciada de las unidades de bombarderos de largo alcance y de transporte militar. Se potenciarán los satélites espaciales para reforzar los sistemas de vigilancia, información y telecomunicaciones. En cuanto a las infraestructuras de apoyo aéreo (aeropuertos; centros de control de navegación; etc.) se activarán dos redes, la primera situada a 100-200 kms. de la frontera y a 200-400 kms la segunda, con objeto de garantizar la movilidad de la fuerza aérea de combate y de facilitar el traslado de las unidades aerotransportadas.

El objetivo final de la reforma en la fuerza aérea es alcanzar la completa modernización de los 4300 aparatos recibidos por Rusia tras la desaparición de la URSS, incluidos los 2000 aviones de combate ( MiG-29; Su-27; Tu-95MS, Tu-160, Su-24M y Su- 24MR), los 400 helicópteros polivalentes y los aviones de transporte del tipo An-124 Ruslan, para lograr una fuerza aérea con capacidad disuasora.

e).- Las funciones de control fronterizo, de mantenimiento del orden público en las repúblicas interétnicas, de protección civil, de vigilancia de las infraestructuras (oleoductos; ferrocarriles; carreteras, etc.) deberán quedar asignadas al Ministerio del Interior o a otros ministerios distintos del de Defensa. f).- Las FF. AA. rusas intervendrán en operaciones de mantenimiento de la paz, especialmente en los conflictos que afecten a los países vecinos, con el fin de reactivar un sistema de seguridad colectiva, basado en los Acuerdos de Tashkent (1992), que en la actualidad sólo existe sobre el papel, y en la OSCE.

g).- La industria de defensa no sólo deberá abastecer la demanda de las FF. AA. rusas sino también proveer fondos financieros adicionales, obtenidos mediante las exportaciones de armamento, que permitan completar los recursos presupuestarios.

h).- Deberán incrementarse las funciones que dependen de la Agencia Federal para las Comunicaciones Gubernamentales y la Información con el fin de garantizar la protección contra la guerra informativa y sicológica del Sistema Federal de Información y Telecomunicaciones.

4.- El futuro de las FF. AA. rusas: oportunidades y obstáculos.

Se afirma que el principal enemigo de las FF.AA. rusas, hoy en día, es la crisis económica que atenaza los presupuestos de Defensa. Esta es una verdad a medias. Tan grave o más es la permanente incertidumbre que se cierne sobre la futura estabilidad política e institucional de un Estado, cuyo poder se encuentra excesivamente concentrado en las manos del Presidente Yeltsin y sus consejeros más próximos.

Esta incertidumbre mina la necesaria continuidad en los planes de reforma de las FF. AA. y precariza la autoridad del Ministro de Defensa y del Staff General, dejando un amplio margen de discrecionalidad a los jefes y oficiales de menor graduación que, por otra parte, son los que ostentan el mando de las principales guarniciones de la periferia. Esta situación resulta, cuando menos, preocupante si la analizamos a la luz de los importantes arsenales nucleares que todavía existen en el territorio de la Federación de Rusia (véase tabla n1 1). No cabe duda sobre el compromiso de los actuales dirigentes rusos en la continuidad del desarme nuclear estratégico, pero la expresa y declarada voluntad de seguir disponiendo de una capacidad nuclear disuasora, nos advierte sobre los riesgos de un cambio de tendencia, al menos temporal, en el caso de que nuevos inquilinos ocupen el Kremlin.

El peligro de nuevos conflictos armados en el Cáucaso no ha sido plenamente conjurado y no debe desdeñarse la amenaza que para la seguridad del país supone el crecimiento del crimen organizado, cuyo grado de infiltración en el seno de las FF.AA. resulta difícilmente ponderable aunque sabemos que ya se ha producido.

Todos estos factores influyen en el ritmo de creación del nuevo ejército ruso y seguirán influyendo en los próximos años. Pero si de algo no cabe la menor duda es que a medio plazo, y a pesar de la crisis económica, la Federación de Rusia terminará recuperando la mayor parte del poderío militar y del liderazgo internacional perdidos durante los años de su creación.

 

 

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