1.- La desintegración soviética
y las reformas militares.
Una de las principales causas reconocidas por
los dirigentes soviéticos
para impulsar el proceso de reformas conocido como perestroika fue
la quiebra del sistema económico, en buena parte inducida
por los costes de la carrera armamentista. El hecho de que fuese
Andropov, máximo responsable del KGB durante dos décadas,
el primer líder soviético que reconoció la gravedad
de la situación e impulsó las primeras reformas del
régimen, avala claramente esta tesis.
Con la llegada de Gorbachov, encumbrado en los
más altos
cargos del PCUS a la sombra de Andropov, y la instauración
de la perestroika uno de los aspectos esenciales del programa de
reformas afectaba a las FF. AA. La retirada de Afganistán
constituyó un primer paso en el camino del necesario entendimiento
con las potencias occidentales, en particular con Estados Unidos.
La cumbre de Reykiavik facilitó este entendimiento y abrió el
camino hacia el Tratado INF (1987), punto de partida para las negociaciones
START I y para la conclusión del Acuerdo sobre reducción
de Armas convencionales en Europa (1990), firmado al mismo tiempo
que la Carta de París por la que se institucionalizaba la
Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea (CSCE).
Necesariamente esta trayectoria de cooperación Este-Oeste
modificó la doctrina oficial soviética de la defensa
y provocó profundos cambios en su estructura orgánica
y en su operatividad. En primer término, se admitió la
disolución del Pacto de Varsovia y la retirada de las guarniciones
soviéticas establecidas fuera de sus fronteras, especialmente
los 380.000 hombres asentados en el territorio de la República
Democrática Alemana que pasaba a integrarse en la República
Federal de Alemania. En total, esta operación obligó a
una reubicación dentro de las fronteras soviéticas
de más de 500.000 hombres, a los que había que sumar
sus familias. La falta de instalaciones para acomodar a este importante
contingente, se convirtió en uno de los problemas más
acuciantes.
Desde la perspectiva estrictamente militar,
los 3.993.000 efectivos existentes en Enero de 1990, resultaban
manifiestamente excesivos
para las funciones de estricta defensa territorial, máxime
en un contexto internacional en el que la amenaza occidental aparecía
como un factor secundario frente a los crecientes riesgos derivados
de los movimientos nacionalistas surgidos dentro de la URSS. A ello
habría que agregar la necesaria reducción presupuestaria
de los gastos de defensa que en 1990 todavía ascendieron a
71.000 millones de rublos. Finalmente, el complejo militar-industrial
debía reducirse y cambiar una parte significativa de su actividad
a la producción de bienes de equipamiento y de consumo civil.
En semejantes condiciones, se iniciaron los debates sobre el modelo
de FF. AA. que debían implantarse en la URSS a medio plazo,
al tiempo que se adoptaron importantes medidas de política
militar. Junto a los planes para una reducción de efectivos
de 1.500.000 hombres, se abrió el debate sobre la creación
de un ejército profesional, las relaciones entre los órganos
políticos y los mandos militares o el derecho de sindicación
en las FF. AA.
Todos estos aspectos básicos de la reforma militar soviética,
quedaron interrumpidos con el intento de golpe de Estado, en Agosto
de 1991, y la posterior desmembración de la URSS.
2.- La independiencia
de Rusia y la formación de
las nuevas FF. AA.
El reconocimiento internacional de la Federación de Rusia
como sucesora de la extinta Unión Soviética, no sólo
fue la constatación de una realidad territorial, demográfica
y políticamente indiscutible sino que facilitó el camino
para la consolidación del Presidente Yeltsin. Este se desarrolló en
dos fases bien definidas. La primera, que llega hasta la Constitución
de Diciembre de 1993, tuvo por objetivo la progresiva desarticulación
de todas aquellas instituciones y fuerzas políticas, heredadas
del régimen soviético, que amenazasen la instauración
del poder presidencial. La segunda fase, entre Enero de 1994 y la
actualidad, se caracteriza por el esfuerzo presidencial por consolidar
su poder sobre el Parlamento (Duma) y los órganos de la administración
local, con objeto de impedir cualquier oposición a su programa
de reformas económicas, sociales y militares. En el transcurso
de la primera etapa, el papel clave en la política militar
lo desempeñó el General Pavel Grachov, convertido en
Ministro de Defensa en Mayo de 1992, quien desde el primer momento
acreditó su lealtad política al Presidente Yeltsin,
realizando las primeras reformas institucionales del nuevo Ejército
ruso. Se constituyó un Consejo de Seguridad Nacional, presidido
por Yeltsin, como máximo órgano de decisión
en materia de defensa y seguridad interior. Se inició una
primera e importante reducción del número de efectivos
militares, alrededor de 500.000 hombres, que fue aprovechada para
licenciar algunos altos oficiales de dudosa fidelidad. Se suprimieron
todos los comisariados políticos que garantizaban el control
comunista de las FF.AA. Finalmente se potenció la organización
territorial de los mandos militares en detrimento de la estructura
central que se redujo en un 27 % de sus cargos. En estos años,
la espectacular caída de la economía rusa ocasionó una
grave reducción de la producción de armamentos y, lo
que se revelaría como más preocupante para la operatividad
del Ejército, provocó un peligroso deterioro de las
tareas de mantenimiento de los equipos militares así como
de las capacidades de reclutamiento y adiestramiento de su personal.
Algunos datos muestran los drásticos recortes experimentados
por el presupuesto de Defensa. En 1992 sus gastos, en términos
reales, experimentaron una reducción del 45 % respecto de
los de la URSS en 1991. Entre 1988 y 1992, los gastos en la compra
de armamento cayeron en un 75 %, un 22 % respecto de 1990, mientras
que la producción armamentista de 1993 sólo era un
50 % de la de 1988. La mayor parte de esta producción fue
destinada a la exportación, en la que Rusia ocupaba el tercer
puesto con un 11 % del mercado mundial. En cuanto al número
de efectivos militares, durante 1993 sufrieron una reducción
del 38 %, situándose en torno a 1.500.000 hombres.
Considerando la precariedad en la que se encontraban
las FF.AA. rusas, resulta lógica la preocupación que suscitó entre
las potencias occidentales, especialmente en Estados Unidos, la distribución
de los arsenales nucleares estratégicos entre cuatro repúblicas
independientes: Rusia; Ucrania; Bielorrusia y Kazajstán. La
firma del Protocolo de Lisboa, en 1992, permitió la vinculación
de dichos Estados al Acuerdo START I y la concentración de
los ICBM y SLBM de Bielorrusia y Kazajstán en el territorio
ruso.
Durante esta época, los dos sucesos militarmente más
significativos fueron la intervención del XIV Cuerpo de Ejército
en la región de Transnistria (Rep. de Moldavia), en 1992,
y el ataque al Parlamento ruso, en Septiembre de 1993, para aplastar
la rebelión de los parlamentarios dirigida por el Vicepresidente
Rustkoi. Sin duda la guerra de Chechenia constituyó la crisis
política más grave de la segunda etapa política.
En ella se pudo apreciar el grave deterioro experimentado durante
estos años en la estructura de mando y en la operatividad
del Ejército ruso. Las reformas parciales realizadas hasta
entonces fueron abandonadas y se abordó una amplia y profunda
reestructuración de todas las FF. AA. y del complejo militar-industrial.
Esta decisión se vio estimulada por la declarada intención
de la OTAN de ampliar sus fronteras con la incorporación de
nuevos (Polonia; Chequia y Hungría), decisión que desencadenó los
temores rusos de que tras esta medida se encontraba la inconfesable
voluntad norteamericana de debilitar, política y militarmente,
el liderazgo internacional de Moscú.
Aunque Yeltsin y los militares rusos sabían que no podían
impedir la ampliación de la OTAN y la pérdida de importantes
mercados de armamento, dejaron bien patente su intención de
oponerse a futuras ampliaciones y la voluntad de recuperar un poderío
militar que haga creible, a medio plazo, esa intención.
3.- Aspectos generales de la reforma de las FF. AA. rusas.
La reforma fue emprendida en 1996 por el Ministro
de Defensa , Gral. Igor Rodionov, y la mayoría de sus líneas maestras
han sido seguidas, aunque conmedidas menos radicales, por su sucesor,
el Mariscal Igor Serguéiev. Tales líneas maestras podemos
resumirlas en la siguientes: una importante reducción cuantitativa
de sus efectivos militares; la instauración de un ejército
profesional con gran movilidad y elevado entrenamiento; una nueva
estructura de mando y de fuerzas; la recuperación de la industria
de defensa mediante la exportación de armamento y, por último,
la creación de un núcleo de tropas terrestres aerotransportadas,
que Rodionov estimaba en doce divisiones, susceptibles de ser empleadas
tanto para la defensa territorial rusa como en operaciones internacionales.
El desarrollo de esta reforma está previsto en dos fases
sucesivas. La primera entre 1997 y el año 2000, contempla
una reducción de los efectivos hasta 1.200.000 hombres y de
un 40 % de las unidades terrestres y navales establecidas en el Norte
y el Oeste del país. Las reducciones más significativas
se realizarán en Oblast de Kaliningrado (Könisberg),
el distrito militar de San Petersburgo y las flotas del Norte y del
Báltico. En cuanto a la reforma en la estructura de fuerzas,
quedará simplificada tras la fusión de la Defensa Aérea
en el Ejército del Aire, así como la unificación
de las fuerzas de Defensa Balística y Espacial en el seno
delas fuerzas de Misiles Estratégicos. De esta forma, las
FF. AA. rusas quedarán articuladas en cuatro grandes grupos:
Fuerzas de Misiles Estratégicos; Ejército del Aire,
Fuerzas de Tierra y la Marina. Esta reorganización va acompañada
del comienzo en el proceso de profesionalización de las FF.AA.
La segunda etapa, entre el año 2001 y el 2005, completará la
profesionalización y se pasará a una estructura de
tres armas: Tierra, Mar y Aire-Espacio. Los principales objetivos
serán: dotar a las unidades de nuevo armamento y equipos basados
en tecnologías avanzadas, aumentar su adiestramiento y potenciar
los sistemas de información, mando y control, incluidos nuevos
satélites de telecomunicaciones.
La ausencia de una doctrina militar bien definida
y adaptada a las nuevas condiciones nacionales e internacionales,
constituye un
obstáculo a la hora de planificar la reforma de las FF. AA.
que queda, de ese modo, sometida a los cambios que periódicamente
introduce el Presidente Yeltsin en la cúpula militar, a las
incidencias en las relaciones con las repúblicas vecinas (doctrina
del near abroad) y a las presiones de las potencias occidentales
para que se avance en el cumplimiento de los Acuerdos de desarme
(START II; CFE; Armas químicas; etc.).
Aún a riesgo de simplificación, podemos señalar
algunos de los principios que actualmente son admitidos por numerosos
militares y expertos rusos como parte sustancial de su política
de defensa.
a).- Las armas nucleares, aunque deben ser objeto
de un proceso de control y desarme, siguen constituyendo una parte
esencial de
la capacidad disuasora rusa. La combinación de los dos factores,
desarme y disuasión, se pretende alcanzar mediante la reducción
de los arsenales nucleares estratégicos y el mantenimiento,
a corto y medio plazo, del armamento nuclear táctico o de
teatro.
b).- El fundamento de la defensa rusa sigue
descansando en las fuerzas terrestres que, sin embargo, serán más reducidas
y dispondrán de unidades combinadas y aerotransportables.
La progresiva profesionalización de las FF.AA. constituye
una medida esencial en el proceso de refoma. Desde esta perspectiva,
se impone la reducción, modernización y control por
el Ministerio de Defensa de las Academias militares. En la actualidad
existen 125, de las que sólo 103 dependen del Ministerio de
Defensa, que realizan la formación de 150.000 cadetes en más
de 400 especialidades.
c).- La Marina mantendrá una estructura de cuatro flotas
y una flotilla, en las que se combinarán las unidades polivalentes
de superficie y submarinas. Entre las primeras se contempla la producción
de las patrulleras polivalentes de la clase Novik, mientras que entre
las segundas se prevé la construcción de los submarinos
de propulsión nuclear de la clase Severodvinsk y de diesel
de la clase San Petersburgo. Estos submarinos se dotarán de
una nueva generación de misiles estratégicos del tipo
Yuri Dolgoruky. Las previsiones de disponibilidad mínima de
la nueva fuerza naval se establecen en 14 o 15 misiles estratégicos
submarinos, 50 o 55 submarinos de propulsión nuclear, 40 submarinos
diesel, de 40 a 50 navíos de guerra de superficie, de 130
a 140 buques de guerra de otros tipos, más de 60 dragaminas,
600 aviones de combate y 300 helicópteros polivalentes.
d).- El Ministerio del Aire y del Espacio desarrollará una
fuerza de combate diferenciada de las unidades de bombarderos de
largo alcance y de transporte militar. Se potenciarán los
satélites espaciales para reforzar los sistemas de vigilancia,
información y telecomunicaciones. En cuanto a las infraestructuras
de apoyo aéreo (aeropuertos; centros de control de navegación;
etc.) se activarán dos redes, la primera situada a 100-200
kms. de la frontera y a 200-400 kms la segunda, con objeto de garantizar
la movilidad de la fuerza aérea de combate y de facilitar
el traslado de las unidades aerotransportadas.
El objetivo final de la reforma en la fuerza
aérea es alcanzar
la completa modernización de los 4300 aparatos recibidos por
Rusia tras la desaparición de la URSS, incluidos los 2000
aviones de combate ( MiG-29; Su-27; Tu-95MS, Tu-160, Su-24M y Su-
24MR), los 400 helicópteros polivalentes y los aviones de
transporte del tipo An-124 Ruslan, para lograr una fuerza aérea
con capacidad disuasora.
e).- Las funciones de control fronterizo, de
mantenimiento del orden público en las repúblicas interétnicas,
de protección civil, de vigilancia de las infraestructuras
(oleoductos; ferrocarriles; carreteras, etc.) deberán quedar
asignadas al Ministerio del Interior o a otros ministerios distintos
del de Defensa. f).- Las FF. AA. rusas intervendrán en operaciones
de mantenimiento de la paz, especialmente en los conflictos que afecten
a los países vecinos, con el fin de reactivar un sistema de
seguridad colectiva, basado en los Acuerdos de Tashkent (1992), que
en la actualidad sólo existe sobre el papel, y en la OSCE.
g).- La industria de defensa no sólo deberá abastecer
la demanda de las FF. AA. rusas sino también proveer fondos
financieros adicionales, obtenidos mediante las exportaciones de
armamento, que permitan completar los recursos presupuestarios.
h).- Deberán incrementarse las funciones que dependen de
la Agencia Federal para las Comunicaciones Gubernamentales y la Información
con el fin de garantizar la protección contra la guerra informativa
y sicológica del Sistema Federal de Información y Telecomunicaciones.
4.- El futuro de las
FF. AA. rusas: oportunidades y obstáculos.
Se afirma que el principal enemigo de las FF.AA.
rusas, hoy en día, es la crisis económica que atenaza los presupuestos
de Defensa. Esta es una verdad a medias. Tan grave o más es
la permanente incertidumbre que se cierne sobre la futura estabilidad
política e institucional de un Estado, cuyo poder se encuentra
excesivamente concentrado en las manos del Presidente Yeltsin y sus
consejeros más próximos.
Esta incertidumbre mina la necesaria continuidad
en los planes de reforma de las FF. AA. y precariza la autoridad
del Ministro de
Defensa y del Staff General, dejando un amplio margen de discrecionalidad
a los jefes y oficiales de menor graduación que, por otra
parte, son los que ostentan el mando de las principales guarniciones
de la periferia. Esta situación resulta, cuando menos, preocupante
si la analizamos a la luz de los importantes arsenales nucleares
que todavía existen en el territorio de la Federación
de Rusia (véase tabla n1 1). No cabe duda sobre el compromiso
de los actuales dirigentes rusos en la continuidad del desarme nuclear
estratégico, pero la expresa y declarada voluntad de seguir
disponiendo de una capacidad nuclear disuasora, nos advierte sobre
los riesgos de un cambio de tendencia, al menos temporal, en el caso
de que nuevos inquilinos ocupen el Kremlin.
El peligro de nuevos conflictos armados en el
Cáucaso no
ha sido plenamente conjurado y no debe desdeñarse la amenaza
que para la seguridad del país supone el crecimiento del crimen
organizado, cuyo grado de infiltración en el seno de las FF.AA.
resulta difícilmente ponderable aunque sabemos que ya se ha
producido.
Todos estos factores influyen en el ritmo de
creación del
nuevo ejército ruso y seguirán influyendo en los próximos
años. Pero si de algo no cabe la menor duda es que a medio
plazo, y a pesar de la crisis económica, la Federación
de Rusia terminará recuperando la mayor parte del poderío
militar y del liderazgo internacional perdidos durante los años
de su creación.
C/
Luis García, nº 5; portal 1; 3º-B 28223 - Pozuelo de Alarcón
(Madrid) - España .Telf: (34) 91-351-33-58